Lea hasta el final.

Por: Abel González Fernández.

Detrás de cada idea u objeto edificante, hay una fuerza brutal y descabellada dispuesta a aniquilar lo que se le oponga.
[JOHN FITZGERALD KENNEDY]

 

La acción

 

Imaginen que están bajo una persecución terrorífica y en un último intento se refugian debajo de un conjunto de mesas que resultan ser las del auditorio de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) ¿Qué clase de pesadilla sería esa? Piensen en la posibilidad de quedarse encerrado en un museo, o en el aula magna de alguna universidad del mundo, y descubrir que bajo alguna tabla redonda, o rectangular, o cuadrada, hay unas misteriosas pisadas de botas y goma de mascar ¿Ante qué tipo de enigma estaríamos presente? Imaginen también que se encuentran incapacitados de reconocer visualmente un objeto y la cámara que llevan consigo es la única posibilidad de hacerlo, como un sexto sentido. ¿De qué modalidad de la vista estaríamos hablando? Por último, pregúntense qué clase de sujeto emplea su tiempo fotografiando los interiores de las mesas más célebres de una república.

Vito Aconcci decidió perseguir por la calle a personas mediante el azar hasta que estas entraban en un espacio privado, miraba a su alrededor, fichaba otro objetivo y comenzaba de nuevo su contienda. Bas Jan Ader gustaba de realizar cualquier acción que implicara una caída, por ejemplo, lanzarse de un determinado puente a un determinado río. James Lee Byars permaneció en la entrada del recinto de la quinta edición de Documenta de Kassel durante el tiempo entero que duró el evento. Todas estas ficciones incompletas, retahíla de preguntas, esbozos dramáticos, performances, pertenecen a singulares artistas.

 

El medio

 

La fotografía nació al servicio de la burocracia. Volverla a concebir como un medio en vez de un fin es uno de los méritos de los artistas conceptuales. La modelación de un mundo tiranizado por el encuadre, su lugar como mediadora entre el hombre y el mundo ─para muchos teóricos sustituta del lenguaje─, la extensión cyborg de las posibilidades del hombre, o las riendas sueltas a la cultura del voyeur, son algunos de sus grandes mitos. Lo cierto es que cada identidad comienza bajo la forma del retrato, este te perfila.

Podríamos entender esta obra desde una noción ampliada de la abstracción fotográfica, como cuando Hans Peter Feldman hizo fotos individualizadas de un kilogramo de fresas, quizá para desternillarse ante la autoridad del  retrato. Sin duda podríamos hablar de una nueva forma caótica, descontrolada y fragmentaria de reconocer los inicios de cierta democracia: la geografía del punto de vista, la recomposición individual y el acceso a la evidencia. Hay una tradición desconfiada acerca del ejercicio fotográfico ─William Eggleston, Thomas Ruff, Christian Boltanski, Richard Prince, etc.─: la falsedad y la forma del conocimiento, su abrumadora y preocupante omnipresencia, su capacidad para generar verosimilitudes, los órdenes visuales que ofrecen las cualidades del lente. La mejor obra en la fotografía es la que concientiza sus potencialidades y limitaciones, incluso las tematiza.

¿A quién le importa hoy en día tomar la más impresionante y más lograda foto? A los organizadores de los efectistas The top ten photos of the year, o a la ocupada industria de los fondos de pantalla.

El procedimiento

 

Según las palabras que pude leer cuando me presentaron el proyecto, “después de una sistemática revisión de un grupo de estas mesas, se descubre toda una superficie escondida debajo de ellas […]: huellas de tintas, grafitos de lápiz, chicles, y otros residuos personales que hablan de una no visible y descrita historia”. Interesante el descomunal eufemismo del artista “otros residuos personales”, hay cierto tono malicioso, de sutileza pero también de infiltramiento, un lenguaje en clave. Me hace pensar en una frase de Milán Kundera “el kitsh es la negación de la mierda”. La cultura de debajo de la mesa tiene una larga historia, continuas batallas de pisotones silentes.

Dos escritores de diferentes generaciones coinciden de esta forma: “El arte discute los mismos problemas que discute la sociedad, pero de otra manera, y esa otra manera es la clave de todo” (Ricardo Piglia, José A. Baragaño). Hagan extensiva la frase a la HISTORIA con mayúsculas. Ese es su principal argumento. Dinamitar su escritura, que también es su imagen: “la imagen participando de la historia” (Lezama Lima). Por eso el buró de Lezama ahora parece un artefacto indescifrable como su lenguaje, o la mesa del consejo de ministros nos recuerda una especie de tabla para los naufragios. Quizá este sea el signo de nuestra época: el gusto por lo que oculta el detalle, por buscar insaciablemente otra mirada (en el principio Duchamp).

La obra

¿Fotografía conceptual, performance, arte relacional, arte político, y demás manías contemporáneas? Coincidamos: el mayor reto de un artista de hoy, más si es joven, es poder llegar a indefinirse, adiós a las fórmulas. Lo contrario sería algo así como el secuestro que operan los términos teóricos. El artista se llama Rigoberto Díaz y la obra se titula Anverso, by the way, bastante parlante que resulta su nombre. Para más información consúltense los pies de obra, o los ya creciditos tomos de la Historia de Cuba.

 

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