Inserción o dé cómo hacer un espacio agua.

Por: Arlén Llanio.

 

Rigoberto Díaz prefiere “utilizar el arte como generador de comportamientos”[1]. Sabe que trabajar con situaciones creadas es tránsito seguro hacia una exploración de la conducta humana.

Pero hay un punto que vuelve una y otra vez a sus piezas: la información como experiencia de control, como orden susceptible a la manipulación. De manera que generalmente opta por acciones en las que dirige el comportamiento para dialogar sobre los mecanismos de poder mediante una serie de “trampas” u “operaciones encubiertas”; cabe cualquier nombre para ese cinismo del artista que, bajo la patente del arte, nos troca, nos utiliza.

El proyecto Inserción es un conjunto de 7 obras en las que este joven creador, cuya madurez supera su tercer año de estudios, “carga” con el complejo ejercicio de aprehender la esencia de puntuales espacios. Y digo puntuales porque la elección no es al libre albedrío. En consecuencia con sus intereses por explorar el poder institucional, la relación público/ privado, las estructuras de control sobre el individuo, etc., Rigoberto ideó un interesante proceso –con ayuda de deshumificadores[2]-, en el que extrae la naturaleza, el “espíritu”, el “alma” de un terreno dado, en forma de agua.

Esta serie de acciones procesuales comenzaron con Lote 100526 (2011), en la cual se produjo un lote de inyección con agua extraída de un deshumificador ubicado en el Palacio de la Convenciones de Cuba. Este sitio,  dentro del contexto cubano, es inmediatamente reconocido como espacio de toma de decisiones, desde donde se “informa”, regula y se hace público un orden que supone jerarquía, autoridad. Por tanto, el artista comenzó el proyecto con una acción que daba por sentado los presupuestos generales de Inserción: convertida en agua de inyección, la carga simbólica del sitio se regenera en otro cuerpo, se introduce sutilmente, sin que percibas el peligro de un complot en el ciclo natural de las cosas.

Así, va tanteando Rigoberto Díaz disímiles estrategias de control sobre un público que permanece ajeno. Con este proyecto lo mismo ha convertido en perfume la humedad de un televisor que transmite programas nacionales (Perfumar, 2011), o repartido a una multitud agua proveniente de la humedad extraída del Partido Comunista de Cuba durante un acto político, al tiempo que “reabastece de ideología” la cisterna del mismo Órgano Oficial con la esencia de dicho suceso público (M-26-7.2011).  Ciudad de Ciego de Ávila, Cuba).

Pero es sin dudas Protocolo (XI Bienal de la Habana, 2012) la que mejor resume las intenciones de este conjunto de acciones procesuales. La pieza que, ha sido bien definida por la crítica Magaly Espinosa como una obra donde “se condensa un comportamiento que alberga la instalación como género, la relación social, el arte público y lo procesual (…)[3], consiste en la introducción de 4 deshumificadores en espacios oficiales cubanos: La Fiscalía General de la República, El Palacio de las Convenciones; La Asamblea Nacional del Poder Popular y el Ministerio de Educación. Siguiendo la operatoria  ya explicada, el artista convirtió una extracción sistemática de 45 días en 43,000 pomos de agua devenidas producto escultórico durante la Bienal y finalizadas en el consumo de los actos públicos del ISA durante los próximos 5 años.

Las sugestivas interfases de esta acción, así como la ironía  de su finalidad hacen de la misma un gancho para seguir de cerca los próximos movimientos de site specific  que este proyecto, que aún no concluye, propone.

                                                                                                                                                                                                                 La Habana, octubre 2012.

[1] Ideas del artista extraídas de su Dossier.

[2] Equipo que extrae la humedad de un área cerrada y la convierte en agua.

[3] Palabras al catálogo de Protocolo. Intervención en la Universidad de las Artes de Cuba, ISA.

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